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no hay mente tan astuta como la evidencia que la naturaleza ofrece. |
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El mundo que se nos avecina es harto
complejo. Si bien están fuera de discusión
las tendencias globalizadoras, no están sin embargo
claros los efectos de tal globalización sobre el
medio ambiente, pero no hay dudas de que la variable ambiental
debe ser cuidadosamente considerada en las proyecciones
futuras.
Descartando el probadamente ineficaz recurso neoliberalizador,
e insertados en un sistema que a contrapelo de un mundo
en que la pobreza y la división en clases se hacen
cada vez más agudas, Cuba aspira a continuar construyendo
un modelo social, que ha probado su capacidad para tender
a la sostenibilidad, desde tiempos en que aún ese
concepto no estaba siquiera acuñado.
Para armonizar las complejidades del proceso globalizador
con las particulares dificultades que factores externos
imponen al desarrollo del país, al tiempo que se
preserva el medio ambiente y se emplean sosteniblemente
los recursos, es necesario adentrarse en el siglo XXI
con una particular sensibilidad, de manera que se pueda
extraer lo mejor del pensamiento ambientalista mundial
y su ajuste a la realidad cubana.
Lo logrado desde el punto de vista ambiental, precisamente
en los peores momentos económicos del primer lustro
de la década de los noventa, así lo prueba.
En adición a lo ya descrito en términos
institucionales, organizativos y legislativos, entre otros,
se han conceptualizado y puesto en práctica instrumentos
que forman parte del arsenal de innovaciones que necesariamente
tendrán que continuar desarrollándose en
el país para lograr su sostenibilidad.
En tal sentido puede mencionarse el manejo integrado de
cuencas hidrográficas asociadas a la zona costera,
visto ello como la unidad básica para evaluar la
gestión ambiental, con la integración de
lo económico, social en el espacio por ella delimitada.
Este es tal vez el concepto mas integrador para el uso
y administración sostenible de los recursos (hídricos,
suelos, forestales) allí existentes, así
como para la adopción y aplicación de las
decisiones políticas, económicas, sociales
y ambientales básicas para el desarrollo sostenible.
Orientada también a ese fin, ocupará un
lugar importante el perfeccionamiento de la planificación
territorial ambiental, como una expresión cualitativamente
superior de las relaciones dinámicas y complejas
entre los sistemas integradores.
De esta manera, un elemento que marca, diferencia y caracteriza
la visión de Cuba sobre este tema, apunta a las
ventajas que el socialismo como sistema ofrece para el
desarrollo de una política ambiental efectiva,
en particular por el papel decisivo del Estado y las ventajas
de una economía planificada con capacidad para
proyectar de forma armónica y en el largo plazo
el uso de los recursos. Su concepción ético-social,
el entorno social solidario que engendra y la integralidad
conceptual en el funcionamiento del gobierno, así
como las ventajas en el ordenamiento de los usos que ofrece
la propiedad social, repercuten de modo positivo en la
protección del medio ambiente y el uso sostenible
de los recursos naturales.
La erradicación de la pobreza extrema, logro que
se asienta en los propios cimientos del proceso revolucionario,
es condición esencial para alcanzar la sustentabilidad
ambiental. Esto que parece tan elemental es constantemente
olvidado y de ahí el fracaso de tantas políticas
que se concentran en medidas ambientales para la
solución de los problemas, pero, ellas sólo
funcionan cuando realmente se tiene construida la base
económica y social para que se asienten, de no
ser así serán, si no inútiles, muy
menguadas en su efectividad, porque, en primer término,
pobreza y medio ambiente sano no pueden coexistir. La
solución de esta contradicción es una de
las principales ventajas que Cuba puede exhibir.
Como parte de la idea anterior, la visión de la
política ambiental cubana se focaliza en un desarrollo
económico y social sostenible que se apoya en tres
pilares básicos, a saber: la equidad social, el
crecimiento económico y la protección del
medio ambiente. En la materialización de esta visión
hay importantes retos que deben ser también considerados,
tanto en el orden interno, como el externo. En el interno,
deben considerarse, las tendencias actuales en el desarrollo
económico e institucional del país, el cual
apunta, entre otras direcciones a la entrega de las tierras
estatales bajo la gestión de cooperativas y agricultores
individuales y el perfeccionamiento de la gestión
empresarial, proceso en el que deben disminuir los subsidios
a las actividades empresariales, aumentando su eficiencia
y su autonomía de gestión, lo que incluye
a la empresa pública.
Otros procesos sin duda bien complejos desde el punto
de vista ambiental, son los que se vinculan al desarrollo
de las actividades inversionistas, con una decisiva intervención
de la inversión extranjera, proceso que tiene además
un peso sensible sobre modalidades de uso de los recursos
naturales, como ocurre con la minería y el turismo.
Al respecto, es necesaria la correcta aplicación
de la Ley de Inversión Extranjera, de manera que
los nuevos proyectos de obras e inversiones, realicen
con carácter obligatorio, la correspondiente Evaluación
de Impacto Ambiental, de manera que se puedan conciliar
armónicamente estos procesos con la protección
del medio ambiente y el uso racional de los recursos.
En el orden externo, resalta la existencia de un mundo
globalizado con fuerte tendencia neoliberal y el bloqueo
económico-social al que el país está
sujeto. Sobre lo primero y reconociendo el carácter
objetivo de la globalizacióne incluso sus beneficiosos
efectos en diversos sentidos, no se puede dejar de advertir
que en tanto este proceso está condicionado por
determinados modelos políticos, sus efectos nocivos
sobre el medio ambiente se hacen hoy notar con gran fuerza.
Si se ha arribado al nuevo milenio con un medio ambiente
más degradado y empobrecido que nunca, ha sido
bajo el influjo de estas políticas. Por supuesto
esto repercute en Cuba, tanto en el medio ambiente como
en la economía.
La principal meta perspectiva de la política ambiental
cubana hacia el futuro es de gran complejidad, pues consiste
en evitar la reiteración de los errores de los
procesos inadecuados de industrialización, de modo
que se promueva un desarrollo económico en el que
se transite lo más directo posible, hacia formas
amigables con el medio ambiente, sobre la base de los
principios apuntados y el empleo de los instrumentos indicados.
Es sabido que los inadecuados patrones de producción
y consumo del mundo industrializado son los principales
responsables de la mala salud ambiental del planeta.
Es también sabido que el mundo subdesarrollado
no puede aspirar a desarrollarse repitiendo
estos modelos dispendiosos y consumistas, para los que
se requerirían varios planetas como el nuestro.
De este modo la clave del asunto transita por no renunciar
al crecimiento económico, pero dotándolo
de un carácter armonioso que permita llegar a una
auténtica sociedad de bienestar. Para esto, es
esencial que Cuba mantenga y defienda su modelo socialista
de desarrollo, lo que le permitirá construir una
sociedad económicamente próspera, socialmente
justa y ambientalmente sostenible. |
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| Estado del medio ambiente
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